Estados Unidos se prepara para llevar la batalla por la libertad de expresion en internet a las Naciones Unidas. Segun un borrador revelado por primera vez por Politico, la administracion estadounidense quiere que los paises adopten una declaracion sobre la libertad de expresion en torno a la Asamblea General de la ONU de septiembre, un texto en el que los firmantes reconocerian formalmente que castigar la "supuesta desinformacion y el discurso de odio" puede poner en peligro la propia libertad de expresion, y que rechazaria las exigencias gubernamentales de que las plataformas vigilen y rastreen lo que publican sus usuarios.
Que diria la declaracion
El borrador se presenta como una defensa del debate abierto. Los Estados firmantes "se comprometerian a reconocer" que las normas amplias contra la desinformacion y los contenidos de odio pueden inhibir el discurso legitimo, y se opondrian a los marcos regulatorios que descansan en las plataformas para vigilar y registrar el contenido de los usuarios en nombre del gobierno. En terminos sencillos, es un argumento a favor de un internet de mano mas ligera, en el que el Estado hace menos para obligar a las plataformas a controlar lo que dice la gente.
Sus defensores lo presentan como una postura de principios en favor de la expresion. Los criticos ven un motivo mas concreto, y no tienen que buscar muy lejos para encontrarlo.
El verdadero objetivo: la Digital Services Act (DSA) de Europa
Los legisladores de la UE interpretan la iniciativa como un desafio directo a la Digital Services Act (DSA), la amplia ley que obliga a las grandes plataformas a evaluar y mitigar el "contenido ilegal" y los riesgos sistemicos. Washington ha ido construyendo su oposicion a la DSA por canales diplomaticos, instruyendo a sus embajadas en Europa para que argumenten que la ley impone limites indebidos a la expresion y para que presionen a favor de una definicion mas estrecha de lo que se considera contenido ilegal. Llevar ese argumento a la ONU convertiria una disputa transatlantica en una pugna global por fijar estandares.
Bruselas ha respondido con firmeza, calificando de infundadas las acusaciones de censura e insistiendo en que sus leyes digitales no se reescribiran bajo presion. El resultado son dos gobiernos que, cada uno alegando defender a los usuarios, promueven modelos opuestos sobre como debe gobernarse internet.
Dos visiones, un incomodo hilo comun
Si se despoja el asunto de la diplomacia, la disputa gira en torno a una sola pregunta: hasta que punto debe obligarse a las plataformas a vigilar a sus usuarios? Un bando quiere una monitorizacion obligatoria para atrapar la desinformacion y los contenidos de odio o ilegales. El otro quiere que las plataformas queden protegidas precisamente de esas exigencias. Ambos lados insisten en que estan protegiendo a las personas.
Para quien valora la privacidad, ninguna de las dos visiones es automaticamente segura. El propio impulso de Europa por escanear los mensajes privados muestra como "proteger a los usuarios" puede deslizarse hacia una vigilancia generalizada; lo cubrimos cuando la propuesta de Chat Control de la UE avanzo pese a una mayoria en contra, y el patron recurrente en el que la monitorizacion masiva llega envuelta en un lenguaje de proteccion de la infancia. Una declaracion que limite los mandatos de rastreo de contenidos suena como el instinto contrario, pero el mismo gobierno que la promueve tiene su propio historial de presiones sobre las plataformas. La leccion es la coherencia: la monitorizacion es un riesgo para la expresion sin importar que capital la reclame.
Donde entran las herramientas de privacidad
Mientras los Estados discuten quien tiene derecho a controlar el discurso y los metadatos, el margen de maniobra del individuo permanece mas o menos igual: el control sobre su propio trafico. Esta es la logica detras de las herramientas que ocultan lo que lees y desde donde te conectas y, significativamente, los propios gobiernos las financian. Programas respaldados por Estados Unidos llevan anos financiando VPN y proxies anticensura para personas que viven bajo los cortafuegos mas estrictos del mundo, una admision implicita de que cuando un Estado quiere que la informacion circule libremente, recurre a las mismas herramientas que los individuos usan para la privacidad. El cifrado y las VPN no resuelven la pugna politica, pero son lo que mantiene viable la expresion individual mientras los gobiernos no se ponen de acuerdo sobre las reglas.